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Metafísica

Universidad Nacional de Jujuy

Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales

Área: Filosofía

Carrera: Profesorado y Licenciatura en Filosofía

Asignatura: METAFÍSICA

Ubicación en el plan de estudios: Tercer año, primer cuatrimestre.

Carga horaria: 6 hs. semanales – 96 hs. totales.

Distribución horaria: 2 hs. de clases teóricas, 2 hs. de clases prácticas, 2 hs. de consulta.

Fundamentación:

Tradicionalmente la metafísica ha ocupado el centro mismo de la reflexión filosófica occidental, hasta llegar a identificarse con ella. Esta situación, que puede observarse con evidencia y sin solución de continuidad entre los llamados filósofos presocráticos y lo que se conoce como el racionalismo moderno, sin duda comienza a cambiar hacia el siglo XVIII. Será sobre todo la Ilustración francesa la que, bajo inspiración del empirismo inglés y del legado cartesiano más naturalista, comenzará a derribar los edificios de la metafísica tradicional, no sólo quebrando sus frágiles fundamentos, sino también simplemente dándole la espalda, expresando de este modo el nuevo espíritu de la vida práctica, tanto económica como política, atravesado por el movimiento revolucionario de la burguesía contra el orden feudal.

No obstante, desde entonces el pensamiento metafísico no ha hecho otra cosa que reinventarse constantemente. Y es que la metafísica, aunque haya sido debidamente despojada de todo privilegio, de toda infundada superioridad por sobre el resto de los saberes, constituye –como bien señalaba Kant– un impulso inherente a la condición humana, la cual no acepta de buena gana ningún límite a su capacidad de preguntarse radicalmente por sí misma y por el mundo que habita, más allá de las mezquinas posibilidades de verificación empírica de que disponga a cada paso.

De tal suerte, la metafísica ha ido cambiando de rostros, probándose otros nombres, pero su carácter esencial de pregunta por la universalidad y los fundamentos de lo que es, sigue siempre reapareciendo, renaciendo una y otra vez luego de haber sido supuestamente sepultada de manera definitiva. Incluso sigue aspirando secretamente a lograr esa posición de “ciencia más dominante” (Aristóteles), la misma que pretendiera ocupar durante varios siglos, y claramente se insinúa aún detrás de la ciencia y la técnica dominantes (Heidegger).

Por lo demás, la relevancia de la metafísica, esto es, del pensamiento trascendental de lo común y de sus causas últimas, no puede ser incompatible con la democracia más plenamente desarrollada, sino más bien todo lo contrario: acaso puede resultarle imprescindible. En cualquier caso, lo es para alcanzar en alguna medida eso que entendemos por “sabiduría”.

En cualquier caso, es preciso advertir sobre la polisemia y el carácter accidentado de la terminología más elemental de esta materia. No está de más recordar que las propias palabras “metafísica” y “ontología” sólo empezaron a ser utilizadas tardíamente, durante el predominio de la filosofía escolástica, la primera en el siglo XII (Jacobo de Venecia) y la segunda en el XVII (Rudolf Goclenius). Es por eso que se vuelve indispensable historizar el pensamiento “metafísico” occidental, empezando por reconocer que toda una importantísima primera parte de su desarrollo tuvo lugar sin el uso de estos dos términos que hoy se nos antojan insustituibles.

Debemos sin duda a la llamada Metafísica de Aristóteles –un título que él no utilizó para referirse a un cuerpo de textos que él no reunió– el primer intento por definir la especificidad teórica de esta disciplina a la que él sólo llegó a referirse a veces como “filosofía primera”, “sabiduría” o “la ciencia que buscamos”. Veremos que prácticamente todos los capítulos de la historia de la metafísica occidental postaristotélica se inician, cada uno a su manera, estableciendo un diálogo con aquellos libros del estagirita colocados por Andrónico de Rodas (en el siglo I a.C.) “más allá de los físicos”; pues allí se encuentran las primeras categorías “metafísicas” y el primer gran intento de sistematización a partir de lo teorizado previamente por los filósofos griegos más antiguos y por Platón.

Presentado hasta aquí el enfoque general de la asignatura como una historia lineal de la metafísica occidental, queremos explicitar que no es exactamente el caso. Esa historia quiere ser una historia crítica, o bien, una crítica de la historia de la metafísica occidental. ¿En qué sentido “crítica”? En los múltiples sentidos en que hoy sabemos que podemos criticar duramente el pensamiento occidental: por su eurocentrismo, por su colonialismo, su racismo, su patriarcalismo, su capitalismo, su productivismo extractivista, etc. Ahora bien, se plantea aquí un problema práctico muy concreto a todo docente que pretenda desarrollar a fondo este tipo de críticas a los filósofos clásicos (en cuanto a las filósofas, lamentablemente nunca las dejaron ser “clásicas”, o “ser”, sin más, hablando de metafísica…): el tiempo. La duración de la asignatura es de un cuatrimestre, y la cantidad de contenidos que se pueden abarcar es claramente limitada. Asimismo, es evidente que, para que una crítica sea verdaderamente aguda y profunda, se debe tener un conocimiento preciso de lo que se está criticando, una cosa viene necesariamente antes que la otra. Por lo tanto, hemos optado por una exposición razonada y razonable de los principales momentos de la tradición de la metafísica occidental, para que luego lxs estudiantes cuenten con las herramientas adecuadas para comprender y emprender por sí mismxs las críticas a esa tradición, críticas siempre urgentes y necesarias para nosotrxs que –afortunadamente– nunca fuimos ni seremos occidentales puros.

 

Profesor Adjunto: Miguel Candioti