La noticia sobre el aumento del 70 % en los crímenes de odio hacia mujeres trans en Argentina evidencia la urgencia de analizar esta problemática desde la interseccionalidad, tal como plantea Kimberlé Crenshaw. No se trata solo de violencia de género, sino de una violencia que se multiplica al cruzarse distintos ejes de opresión: ser mujer, ser trans, pertenecer a sectores populares, y muchas veces, vivir en contextos de exclusión social y laboral.
Desde el Trabajo Social, esta mirada interseccional nos permite entender que la discriminación hacia las mujeres trans no es un hecho aislado, sino el resultado de un sistema que niega derechos básicos. Uno de los más afectados es el derecho a la salud, que debe ser entendido en sentido amplio: no solo el acceso a hospitales o tratamientos, sino la posibilidad de vivir una vida digna, libre de violencias, con bienestar físico, mental y social.
En muchos casos, las mujeres trans no acceden a la salud pública por miedo a ser discriminadas o maltratadas dentro de las instituciones. La falta de formación con perspectiva de género e identidad en los equipos de salud refuerza esas barreras. A su vez, la precarización laboral y el rechazo social las empujan a situaciones de vulnerabilidad, como el trabajo sexual sin protección ni cobertura médica. Todo esto demuestra que las violencias no son solo físicas, sino también estructurales.
Como futura trabajadora social, considero que el desafío está en construir intervenciones que reconozcan estas desigualdades superpuestas. No alcanza con políticas generales de “igualdad”, sino que se necesitan estrategias específicas que contemplen la identidad de género, la clase social, la edad y el territorio. La salud, entendida como un derecho humano integral, debe garantizarse desde una perspectiva interseccional y de derechos, para que nadie quede fuera por su identidad o por su posición social.
En definitiva, esta problemática nos interpela como futuros profesionales del Trabajo Social a comprometernos con una práctica crítica, que no solo acompañe, sino que también cuestione las estructuras que producen y sostienen estas violencias.